Nutrición y Alimentación

Dietas post-18: expertos alertan sobre el riesgo de restricciones alimentarias impulsadas por la culpa

Nutricionistas advierten que las dietas restrictivas postfiestas responden a factores psicológicos, no a evidencia clínica.

Redacción Salud y Chile|Nutrición y Alimentación|

Cada año, tras las Fiestas Patrias, el ecosistema digital se inunda de promesas de dietas detox, planes de "limpieza" y rutinas restrictivas diseñadas para revertir los excesos del 18 de septiembre. Sin embargo, desde la evidencia clínica y la nutriología contemporánea, este patrón tiene un problema de base: no responde a criterios de salud, sino a una emoción. Y esa emoción es la culpa.

Víctor Sepúlveda, docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás e investigador del Observatorio de la Alimentación (ODA360), advierte que el error conceptual comienza antes de la primera restricción calórica: "Una buena alimentación no se construye en función de una comida, un fin de semana o unas Fiestas Patrias. Se construye en el tiempo, dentro de nuestra vida real, donde también existen celebraciones, encuentros, tradiciones y momentos de disfrute".

El fenómeno tiene además una dimensión de riesgo sanitario que los profesionales del sector no deberían subestimar. La proliferación de contenido nutricional sin respaldo científico en redes sociales —impulsado por influencers sin formación en nutrición— genera en la población general conductas compensatorias que pueden derivar en relaciones disfuncionales con la alimentación, con potencial impacto en salud mental y metabólica a mediano plazo.

Desde una perspectiva clínica y psicosocial, el especialista identifica elementos clave que los equipos de salud deben considerar al abordar a pacientes en este período:

  • La alimentación tiene dimensión sociocultural: disociar el acto de comer de su contexto festivo y comunitario es clínicamente impreciso y puede reforzar conductas restrictivas.
  • El lenguaje importa: expresiones como "portarse bien" con la comida instalan un marco moralista que la evidencia en psicología alimentaria vincula con mayor riesgo de ciclos restricción-sobreingesta.
  • No existe el «control perdido»: la narrativa del control alimentario absoluto es incompatible con una alimentación sostenible en el tiempo y con una buena adherencia terapéutica en pacientes con patologías crónicas.
  • La vuelta a la rutina debe ser gradual: retomar patrones alimentarios habituales sin penitencias ni compensaciones extremas es la recomendación con mayor respaldo en la literatura de conducta alimentaria.

Para los profesionales del área de nutrición, medicina familiar y salud mental, este período representa una oportunidad concreta de intervención preventiva. Reforzar en la consulta el concepto de alimentación flexible, no restrictiva, y desmitificar los ciclos de culpa-compensación puede tener un impacto significativo en la adherencia a tratamientos y en la construcción de hábitos sostenibles a largo plazo.

La evidencia es clara: no existen las dietas milagrosas. Lo que sí existe es la posibilidad de acompañar a los pacientes con información clínica rigurosa, lejos del ruido del marketing nutricional estacional.

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