Dietas postfiestas: nutricionistas advierten sobre el riesgo de las restricciones alimentarias y la desinformación digital
Expertos de UST alertan sobre el impacto psicológico de las dietas restrictivas posfiestas y el rol de los influencers sin formación nutricional.
Cada año, tras las celebraciones del 18 de septiembre, el ecosistema digital se inunda de planes detox, regímenes restrictivos y consejos nutricionales de dudosa procedencia. El fenómeno no es menor: según datos del Observatorio de la Alimentación (ODA360), la búsqueda de dietas rápidas en Chile experimenta alzas sostenidas en los períodos posteriores a festividades de alta ingesta calórica, patrón que los profesionales de la salud observan con preocupación creciente.
Víctor Sepúlveda, docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás e investigador del ODA360, advierte que el problema no radica en lo que se consume durante las fiestas, sino en la respuesta conductual y emocional que se genera después. «Una buena alimentación no se construye en función de una comida o un fin de semana. Se construye en el tiempo, dentro de nuestra vida real, donde también existen celebraciones, tradiciones y momentos de disfrute», señala el especialista.
El contexto sectorial es relevante: Chile registra tasas de sobrepeso y obesidad que superan el 74% en población adulta, según la Encuesta Nacional de Salud. En ese escenario, la proliferación de contenido nutricional no validado en redes sociales —protagonizado por influencers sin formación clínica— representa un desafío concreto para los equipos de salud primaria y los nutricionistas en ejercicio, quienes deben contrarrestar mensajes que simplifican procesos metabólicos complejos.
Para Sepúlveda, el lenguaje culturalmente instalado en torno a la alimentación refuerza el problema. Expresiones como «portarse bien con la comida» o «volver al carril» normalizan una relación punitiva con la ingesta que puede derivar en conductas alimentarias de riesgo, incluyendo restricción calórica severa, ciclos de atracón-compensación y deterioro de la salud mental asociada a la imagen corporal.
Desde la evidencia clínica, el especialista propone un enfoque de reencuadre para profesionales que acompañan a pacientes en estos períodos:
- Reencuadre cognitivo: reemplazar la lógica de «compensación» por la de continuidad de hábitos. Un evento puntual no modifica trayectorias nutricionales consolidadas.
- Hidratación y fibra: priorizar agua y alimentos ricos en fibra en los días siguientes, sin eliminar grupos alimentarios completos.
- Regulación del ritmo circadiano alimentario: restablecer horarios de comida estables como ancla de retorno a la rutina.
- Actividad física gradual: reincorporar el movimiento sin carácter punitivo ni metas calóricas compensatorias.
- Evaluación de señales de hambre: reforzar la alimentación basada en saciedad real, no en culpa retrospectiva.
Para los equipos clínicos, el llamado es a incorporar estas conversaciones en la consulta habitual de septiembre y octubre, reconociendo que la dimensión psicológica y sociocultural de la alimentación es tan determinante como la bioquímica nutricional. La educación alimentaria efectiva, subraya Sepúlveda, no se construye sobre la culpa, sino sobre el conocimiento y la autonomía del paciente.